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  • Foto del escritorLuis F Molano

Tips Para Escritores III

Cae la tarde callada y trémula; miras al cielo y unos pequeños visos de arreboles pintan de

rojo las nubes; tal vez, observas una lluvia ligera de esas que purifican el alma y te arrojas a

volcar todo eso que percibes del espacio en una hoja, quieres sacar eso que tienes “entre

pecho y espalda”; tomas una hoja y un bolígrafo, y… ¡no sale como lo imaginabas ¡¿Por

qué ocurre esto? ¿Qué puedes hacer?



Esto sucede cuando no podemos conectar con las profundidades donde habitan nuestras

emociones más virginales y primigenias, en otras palabras, con el “entresijo” o “las

vísceras”. Sucede porque pensamos demasiado y opacamos esa voz interior impoluta; y por

pensar demasiado me refiero a que perdemos el hilo de la inspiración al preocuparnos por

detalles autocorrectivos, por escoger ciertas palabras o por priorizar las formas. Esto se

denomina: pensamiento superficial que da como resultado escritos superficiales e

impostados.

¿Hay solución? ¡Por supuesto ¡


EL EJERCICIO DEL SABIO O MENTOR


Comienza escribiendo un relato en el cual inicias un viaje a una montaña donde habita un

sabio ermitaño; aprovecha el momento para ejercitar tu técnica descriptiva mientras

avanzas en la trama. Una vez lo encuentras en su cueva más profunda en el pico de la

montaña, lánzale las preguntas más profundas que se te puedan ocurrir, interrógalo sin

piedad. Preguntas como: ¿por qué vine a este planeta? O ¿Cuál es el significado de la

existencia?, podrían funcionar. ¿Tengo alguna meta predestinada en la vida? O ¿Quién es

Dios?... puedes darle rienda suelta a tu imaginación. Ten en cuenta que el sabio es

omnisciente y por ende conoce todas las respuestas. Escribe cada respuesta que te da el


sabio, ya sabes, no pienses demasiado, solo toma lo que fluye de tu interior, de la parte más

privada de ti.

Funciona también si le haces confesiones de cosas íntimas, secretos que te costaría contarle

a alguien más. El mentor, sin reparos y sin prejuicios, te dará respuestas, escríbelas en tu

relato, ya lo sabes, sin calcular demasiado, solo toma lo que emerge de ti.

Puedes hacer este ejercicio las veces que sean necesarias para ti, hasta que sientas un alivio

y un sosiego que solo tú podrías identificar. Porque… ¿Quién si no tú mismo/misma es el

sabio o mentor?

Estoy seguro de que, si haces estos ejercicios de forma concienzuda, podrás identificar esa

parte de ti que al fluirle la inspiración lo traducirá en hermosos escritos, escritos profundos

que no pasarán desapercibidos.


Con amor: Luis Felipe Molano H.

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